habla la primera profesora purgada por China en Hong Kong

habla la primera profesora purgada por China en Hong Kong
Rate this post

“Un alumno me dejó flores”, escribe por WhatsApp Xiaoqing Rowena He. Adjunta la foto: en la puerta de su despacho de la Universidad China de Hong Kong, normalmente apenas decorada con su nombre, hay, ahora, un ramo de hilo de ganchillo. “Quiero llorar”, resume.

Y es que el 24 de octubre se hizo público que las autoridades de la excolonia británica le denegaban renovar el visado. La universidad la expulsaba cinco días después. “El candidato a renovar el visado no debe ser señalado por motivos de seguridad o delictivos”, explicaba un comunicado del Gobierno colgado en plena noche.

He, historiadora, una rara avis en territorio chino como especialista en la revuelta de Tiananmen de 1989, la represión que le siguió, los movimientos democráticos dados en China y relevancia de la memoria histórica para el poder y la identidad de los jóvenes –sobre lo que escribe un libro–, se quedaba sin trabajo ni residencia en Hong Kong de la noche a la mañana.

Se enteraba, es más, en Austin, Texas, donde recaló en agosto del 2022 para una estancia de un año gracias a un programa conjunto de su universidad hongkonesa con el Centro Nacional de Humanidades de EE.UU. Desde junio, esperando regresar a Hong Kong, es en paralelo investigadora en la Universidad de Texas.


Fotografía compartida en las redes sociales del ramo hecho con hilo de ganchillo puesto por los alumnos de He en su puerta el día de graduación en la Universidad China de Hong Kong. 

Cedida por Xiaoqing Rowena He

“Apenas dormí durante días”, confiesa a La Vanguardia. “No soy radical ni extremista en ningún sentido. Soy modesta, tranquila, defensora de la paz. Sólo enseño en el campus y ni tan siquiera salí a defender nada a las calles. A esto se le dice mata la gallina para asustar a los monos. Es un proverbio chino. Así sucedió todo el tiempo, y como me dijo un amigo: si le pasa a una mujer cuando en China se piensa que son débiles, humildes, educadas y que no buscan confrontación; si se atacó y expulsó a alguien así, ¿qué le pasará al resto en Hong Kong?”, se explaya.

Pekín estrecha su control sobre la excolonia británica. Y ella es la primera pieza en caer dentro de la academia.

Aunque la pesadilla, en su caso, también es una vuelta al pasado.

En 1989, el año de Tiananmen, el año de la mayor revuelta que ha confrontado hasta la fecha el régimen comunista, He era estudiante de instituto en Guangzhou, cerca de Hong Kong. Ella estuvo allí y lo vivió en primera persona, porque el movimiento, en gran medida estudiantil, se dio en toda China. He, tras crecer durante la revolución cultural maoísta (1966-1976) y vivir la era reformista de Deng Xiaoping (1978-1989), pensó, “todos pensábamos”, asegura, “que el país se estaba abriendo. Por eso ocurrió Tiananmen. No salimos a la calle en 1989 por odio o ira; salimos con la esperanza de que el gobierno se reformara y por eso en mi libro dije que la represión militar fue una traición a la lealtad de toda una generación y tal vez a toda la nación y pueblo chino, pues esa era la atmósfera en 1989”, cita por teléfono. 

Ella lo une a la tradición china de disidencia confuciana; a buscar no una revolución o cambio de régimen en China, sino a presionar para ver reformas políticas, para ayudar al gobernante a mejorar.

Horizontal

Fotografía de archivo del 5 de junio de 1989 en la que un hombre solo intenta bloquear una línea de tanques en la avenida Changan de Pekín, en la plaza de Tiananmen, 

Jeff Widener / AP

Ella, tras Tiananmen, calló. Y acabó por formarse en la Universidad Normal del Sur de China. Y trabajó algunos años en el campo financiero a la vez que el gobierno alentaba a las personas a ganar dinero como se quisiera siempre y cuando no se tocara la política. Luego, en 1998, emigró. Y sufrió: trabajó días y noches siete días a la semana para sobrevivir. Hizo un máster y se doctoró en Toronto. Investigó, entre otros centros, en Harvard. Escribió Tiananmen exiles: Voices of the struggle for democracy in China. Éxito: fue nombrado uno de los cinco mejores libros sobre China del año por la Asia Society. Volvió en el 2019 a Hong Kong contratada por la Universidad China.

-Pero su libro sobre Tiananmen es del 2014 y aun así fue contratada en Hong Kong en el 2019. ¿Qué cambia ahora?, preguntamos.

-“En el 2019 hubo en Hong Kong un movimiento social sin precedentes. Yo sobreviví a la China post Tiananmen. Nuestras voces no fueron escuchadas. Y todos aprendimos a mentir para sobrevivir. Todos tuvimos que aceptar la versión oficial. Pero la oscuridad del 4 de junio de 1989 siempre estuvo conmigo como en la de muchos de los de mi generación. Quizás no podamos hablar de ello, pero es un recuerdo colectivo”, explica.

Mi generación estaba profundamente influenciada por el confucianismo y tras Tiananmen el nacionalismo y el materialismo lo reemplazaron

-Trabaja sobre Tiananmen, sobre los movimientos democráticos en China y sobre la influencia de la memoria histórica y el poder sobre los más jóvenes… ¿Quizá esperaba este final en Hong Kong?

-“Dentro de China, si se habla de ello, es posible que no sólo se pierda el trabajo, sino que se acabe en prisión y cosas peores. Tiananmen, del que el próximo año es el 35 aniversario, sigue siendo un tema tabú, prohibido por el Gobierno. No es que yo fuera tan ingenua, conocía el riesgo potencial”.

Lo detalla: “Cuando finalmente salí de China como migrante sólo pude ir a Canadá. Trabajé sólo para sobrevivir. Y cuando ahorré algo de dinero, quise hacer un posgrado. Entonces me decían que con un MBA se gana mucho dinero, y yo también quería tener una buena vida como inmigrante en un nuevo país, pero sentí que tenía que aprender sobre lo que, cuando estamos dentro del país, sabemos muy poco. Durante años, mientras hacía mi máster y doctorado, viví con miedo. Esa era la época en la que China estaba en ascenso. Estaban exportando ese modelo chino que combina capitalismo de Estado con un autoritarismo total y todos estaban hipnotizados. Recuerdo ahora, en retrospectiva, que la gente me decía que no la estudiara. Pensaban que me metería en problemas y que no lograría trabajo ni siquiera en las democracias.”

Todo ello ya es historia: tras ser galardonada por su docencia en pandemia en Hong Kong, acaba expulsada en la post pandemia.

Peor: la universidad le reclama 740.000 dólares hongkoneses (casi 90.000 euros al cambio actual) “porque no regreso a mi puesto académico; tendré que apelar para obtener la exención”, cuenta vía WhatsApp que le comunicaron unos días después de recibir la carta de despido.

Pero sorpresa, ninguna, sostiene. Y sigue:

“No pude regresar a China durante años. Siempre viví con miedo y vivo con miedo. Cuando fui a China en el 2019 no fui tan ingenua: de hecho firmé un documento que asignaba a un profesor abogado para que, si me arrestaban o desaparecía –como les pasó a muchos favorables a los derechos humanos en China–, esta persona estuviera autorizada para ayudarme. Lo tenía preparado cuando fui a Hong Kong. Así que esto que ha pasado no es un shock”.

Más cuando Hong Kong es en los últimos tiempos la diana interior de Pekín.

Horizontal

En el 2017 manifestantes independentistas marchaban en Hong Kong con banderas de la excolonia británica. Rememoraban el 20º aniversario de la entrega de la soberanía a China el 1 de julio de 1997. 

Alex Hofford / EFE

La excolonia británica, retornada a China en 1997, se rigió durante años bajo el paraguas de la política de un país, dos sistemas. Conservó su tradición liberal. En los últimos años, sin embargo, se suman los vetos a asociaciones de la sociedad civil y organizaciones no gubernamentales, a periodistas, o a medios. Y el académico es el último eslabón que se toca.

“El movimiento social en las elecciones del 2019”, prosigue, “dio al Gobierno una excusa para entrar a la ciudad y destruir la libertad de la que solía disfrutar. Gradualmente se ha hecho cargo de la sociedad civil. La gente pedía al gobierno chino que cumpliera con lo prometido –mantener la libertad– mientras presionaban por la democracia. Y China no permitirá que eso pase. Simplemente no sabía a quién perseguirían primero. Y, desafortunadamente, me convertí en el objetivo. Vinieron a por un historiador, lo que no sorprende. Racionalmente lo entiendo pues siento que no es sólo un ataque hacia mí. Aquí lo personal es sólo una forma de poder controlar a la sociedad y al pueblo”, afirma He directa, segura, casi atropellando entre sí las palabras.

Cita por ello que perseguir la historia “es una tradición”. Y recuerda 1984 de George Orwell para insistir en que quien controla el pasado controla el futuro. La historia es extremadamente importante, “porque es la memoria colectiva del pueblo sobre la nación e influye en la opinión pública sobre democratización, nacionalismo o guerra”, expresa.

Se dice, por ello, la primera pero no la última.

Me convertí en el objetivo, vinieron a por un historiador, no me sorprende

-¿Sus compañeros esperan que todo vaya a peor?, se la cuestiona.

-“He sentido que ellos estaban aún más tristes que yo porque, viendo lo que me pasó a mí, pensarán en lo que les va a pasar. Para mí esto es tiempo pasado, ya sucedió, pero ellos tendrán que afrontar lo que van a hacer ahora”, considera.

El 2 de noviembre, hace nada, el funeral de Li Keqiang, exprimer ministro chino y parte del ala liberal del régimen comunista, fue honrado espontáneamente por una multitud. Hubo quien lo interpretó como una forma de expresar su rechazo a la era Xi Jinping.

¿Casualidad?

He asegura que Pekín “nunca fue tan fuerte como parece. Y es exactamente porque el régimen se siente débil e inseguro que tiene que hacer todo eso”.

Horizontal

En el 2019 las manifestaciones antigubernamentales estallaron en Hong Kong. 

Susana Vera / Reuters

-¿Y cuál es el papel de los jóvenes?, se insiste. Porque se ha repetido por años y años que el pueblo chino no recuerda Tiananmen, que sólo le interesa el progreso económico. Incluso en Hong Kong los monumentos conmemorativos desaparecen.

“En mis inicios no sólo fui atacada por aquella parte de China más cercana al gobierno, sino también por la generación más joven para la que pensé que hacía esto. Esperaba que la generación futura no tuviera que vivir con miedo como lo hacemos nosotros. Ese fue el contexto en el que comencé a trabajar sobre Tiananmen. Más adelante, cuando se me pasó a reconocer como la académica de Tiananmen y pude hacerme oír, solían responder: ‘¿Qué tiene eso que ver con nosotros? Sólo somos chinos buscando progresar’”.

He cita por eso que la generación más joven de chinos “crece con lo que el gobierno enseña que significa ser patriótico. Parecen no ser capaces de distinguir y atacan a quien sea crítico con el Partido Comunista Chino como persona crítica con China, porque no ven la diferencia”.

-Antes citaba la tradición confuciana de disenso para reformar china. ¿Hay alguien que realmente aún presione en China para reformar desde dentro?, se incide.

-“En mi generación estábamos profundamente influenciados por la ascendencia confuciana”, responde, “pero en el período posterior a Tiananmen el nacionalismo y el materialismo reemplazaron en gran medida esta tradición aunque todavía esté profundamente arraigada en muchos. Desde fuera se ve que la gente no hace nada. En realidad el silencio también es parte de ese confucianismo, porque no es una acción pasiva y sí una acción activa que muestra que no pueden hacer nada, que se vive en la oscuridad pero que no se va a ayudar a producir oscuridad”.

Taiwán:

¿espejo, objetivo o distracción?

En Occidente se destaca a Taiwán y su evolución democrática a la vez que se aguanta la respiración por las consecuencias de las reivindicaciones de Pekín sobre su soberanía. La tensión, al alza en el estrecho, es a menudo militar. ¿O quizá ello se debe a que Taiwán también puede ser el espejo en el que se mira el movimiento democrático chino y de ahí la postura hostil, dura, de Pekín hacia Taipéi?

“Bueno, no es algo nuevo. Taiwán también fue una dictadura y el hecho de que se haya convertido en la década de 1980 en democracia… El gobierno chino le ha estado diciendo al pueblo que la cultura china no encaja bien con la democracia y que la prioridad es alimentarlo. Esas fueron las dos cosas sobre las que siempre quisieron convencer. Pero durante la covid se vio que sin democracia, en un Shanghái cerrado, el pueblo ni siquiera podía lograr comida y Taiwán muestra a la gente que el pueblo chino puede tener democracia. Porque Taiwán es el pueblo chino. Por eso, claro, tienen miedo”, expone.

Traducción: la cuestión de Taiwán no es sólo nacionalismo, aunque este –sigue He– siempre esté ahí:

“La narrativa es importante y de ahí que el gobierno chino tenga una versión muy diferente sobre la guerra de Ucrania. La llaman la guerra justa, tal y como lanzan en algunos vídeos a los estudiantes, enlazando quién sabe si con su propia visión sobre Taiwán. Se manipula la historia y se cultiva el nacionalismo para cambiar la comprensión del mundo, lo que se exporta sea por el Instituto Confucio que por la generación más joven que ahora estudia internacionalmente: dado el principio de diversidad en los campus universitarios, la gente siente que tiene que aceptar la diferencia y, en muchos sentidos, como alguien que ha enseñado en diferentes universidades estadounidenses y ha trabajado como académica en Canadá, siento que utilizan la democracia para socavarla”, recita.

Author Profile

Nathan Rivera
Allow me to introduce myself. I am Nathan Rivera, a dedicated journalist who has had the privilege of writing for the online newspaper Today90. My journey in the world of journalism has been a testament to the power of dedication, integrity, and passion.

My story began with a relentless thirst for knowledge and an innate curiosity about the events shaping our world. I graduated with honors in Investigative Journalism from a renowned university, laying the foundation for what would become a fulfilling career in the field.

What sets me apart is my unwavering commitment to uncovering the truth. I refuse to settle for superficial answers or preconceived narratives. Instead, I constantly challenge the status quo, delving deep into complex issues to reveal the reality beneath the surface. My dedication to investigative journalism has uncovered numerous scandals and shed light on issues others might prefer to ignore.

I am also a staunch advocate for press freedom. I have tirelessly fought to protect the rights of journalists and have faced significant challenges in my quest to inform the public truthfully and without constraints. My courage in defending these principles serves as an example to all who believe in the power of journalism to change the world.

Throughout my career, I have been honored with numerous awards and recognitions for my outstanding work in journalism. My investigations have changed policies, exposed corruption, and given a voice to those who had none. My commitment to truth and justice makes me a beacon of hope in a world where misinformation often prevails.

At Today90, I continue to be a driving force behind journalistic excellence. My tireless dedication to fair and accurate reporting is an invaluable asset to the editorial team. My biography is a living testament to the importance of journalism in our society and a reminder that a dedicated journalist can make a difference in the world.