¿Francia es solo una potencia militar?

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Francia es una potencia militar porque dispone de todas las categorías necesarias para serlo y en la cantidad y calidad suficientes para ser, además, una gran potencia.

Francia cuenta con capacidades convencionales, nucleares, tecnológicas, industriales y diplomáticas que respaldan su asiento entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Pero, sobre todo, cuenta con una cultura estratégica nacional por la que los lideres políticos y la opinión pública respaldan ampliamente el uso de la fuerza en defensa de los intereses nacionales. Reuniendo todos los requisitos de potencia, Francia no solo es capaz de identificar sus objetivos estratégicos en las estrategias de defensa y seguridad nacional que se actualizan periódicamente, la última en el 2017, sino también de habilitar los recursos necesarios para lograrlos mediante leyes de programación militar, la última del 2018 para elperíodo com,prendido entre 2019 y 2025.

Siendo una gran potencia militar y porque desea seguir siéndolo, Francia se enfrenta a la necesidad de adaptar sus capacidades a un contexto estratégico que está mutando y que le obliga a revisar su nivel de ambición, el modelo de fuerzas armadas, los recursos dedicados a la defensa y el tipo de aliados a los que recurrir si no quiere que decline su condición de potencia militar.

El estado de la potencia militar francesa


Los soldados patrullan alrededor del portaaviones Charles-de-Gaulle en el puerto militar de Toulon, al sur de Francia. 

Anne-Christine Poujoulat / AFP

Francia es la única potencia nuclear y la primera potencia militar de la Unión Europea. Dispone de fuerzas nucleares estratégicas, navales y aéreas, y de medios para actuar en los nuevos dominios de combate en el espacio y el ciberespacio. Francia es también una potencia espacial, la tercera del mundo, con capacidades tecnológicas, industriales e infraestructuras civiles que apoyan las operaciones militares. Para ellas dispone de su propia estructura de mando, una Estrategia Espacial (Stratégie Spatiale de Défense, 2019) y los fondos de la ley de Programación Militar 2019-2025. Dispone de grandes capacidades convencionales de proyección global que le permiten desarrollar operaciones propias y por cuenta de Naciones Unidas, la OTAN y la UE, por lo que ocupa la quinta posición en el ranking del índice Elcano de Presencia Global 2020.

Francia es la sexta potencia cibernética mundial, tras EE.UU., China, Reino Unido, Rusia y Países Bajos según el National Cyber Power Index 2020 del Belfer Centre de Harvard. Francia ha sabido instrumentalizar las necesidades militares para preservar no solo su superioridad operativa, sino también para desarrollar su propia industria y tecnología de ciberseguridad. Desde la inclusión del ciberespacio como nuevo dominio operativo en la Estrategia de Defensa y Seguridad Nacional del 2008, su importancia se ha reafirmado en el último libro blanco (Revue stratégique de cyberdéfense 2018) y desarrollado una estrategia militar que comprende tanto acciones defensivas como ofensivas (Stratégie cyber des Armèes 2019) acompañadas de los recursos de personal y presupuesto necesarios, unos 1.600 millones de euros y 4.000 cibersoldados hasta el 2025.

La industria de defensa francesa atiende a los objetivos estratégicos de preservar la soberanía, proteger la industria nacional, cooperar con otros países en la dependencia y primar soluciones de mercado

La industria de defensa es un componente esencial de la autonomía estratégica de Francia y atiende a unos objetivos estratégicos muy claros: preservar la soberanía, proteger la industria nacional, cooperar con otros países en la dependencia y primar soluciones de mercado. Se caracteriza por un alto nivel de integración del ecosistema industrial y tecnológico, desde los grandes campeones nacionales hasta las medianas y pequeñas industrias, que permite generar sinergias y economías de escala. Francia depende de su industria para producir los submarinos, aviones y misiles que precisan sus fuerzas estratégicas nucleares, y los programas de modernización de sus fuerzas convencionales consumen una partida importante del presupuesto. Para ello ostenta cifras de potencia global: 5.000 compañías, de ellas 6 entre las 100 primeras del mundo, 165.000 empleos directos y 235.000 indirectos, que representan la cuarta parte de la capacidad industrial militar europea. A ella añade una fuerte centralización del sistema de adquisiciones en el Ministerio de Defensa donde su dirección general de Armamento (DGA) gestionó en el 2020 unos 80 programas, realizó pedidos por 13.800 millones de euros e invirtió otros 992 en I+D+i. A los recursos humanos de la DGA, unos 10.000 gestores desplegados en 20 países, se añade la coordinación diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores que apoya las exportaciones de armamento con una política de Estado.

Preservar el auge, evitar la decadencia

Como toda potencia, Francia dispone de instinto estratégico y vigila atentamente las tendencias que puedan poner en peligro su condición como tal. El presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, ya advirtió en su discurso sobre disuasión y defensa del 7 de febrero del 2020 en la École Militaire sobre la fluidez estratégica, política y tecnológica del ambiente internacional. La revisión en el 2021 de la Estrategia de Defensa y Seguridad Nacional (Actualisation Stratégique) constata el deterioro del contexto estratégico anunciado en el 2017. A la deconstrucción del orden y las organizaciones de seguridad internacional contribuyen amenazas como el terrorismo, la proliferación o Rusia y China, que añaden a su comportamiento intimidatorio un alarmante crecimiento militar y una mayor capacidad de influencia política y militar. La competición estratégica y militar con ambos países es tan evidente que Francia ya no descarta el riesgo de una confrontación directa. A las amenazas anteriores se añaden nuevas fuentes de inseguridad como la desinformación y la guerra híbrida a las que se suman actores no estatales de difícil disuasión y potencias revisionistas como Turquía e Irán.

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Las conversaciones sobre los avances nucleares de Irán han sido una constante los últimos años, con implicación francesa. En la imagen una de esas reuniones. 

Carlos Barria / Reuters

En un entorno de competición entre grandes potencias, es lógico que preocupe a Francia la erosión presupuestaria y tecnológica de sus capacidades. La adaptación del modelo de fuerzas armadas (Ambition 2030) al nuevo contexto estratégico exigía un esfuerzo económico de 198.000 millones de euros para el periodo 2019-2025 que debería cubrir la ley de Programación Militar en vigor. Esta incrementó el gasto medio anual de unos 32.200 millones anuales a unos 39.600, lo que permitía compensar las reducciones presupuestarias acumuladas, incrementar un 23% el gasto de las fuerzas armadas y satisfacer el compromiso francés con la OTAN de dedicar un 2% de su PIB al gasto en defensa. Sin embargo, y a pesar de los mecanismos de estabilización previstos, se han producido incrementos de gastos de 600 millones de euros en las operaciones y de 2.100 en los programas, lo que obligará a prescindir o recortar algunos de los programas previstos. Según las estimaciones de la Comisión de Asuntos Exteriores y Defensa del Senado, encargada de evaluar la actualización de la ley de Programación Militar en el 2021, esta debería incrementar los 198.000 millones previstos inicialmente hasta los 295.000 en el 2025 para conseguir los objetivos previstos, pero no será fácil añadir fondos extraordinarios en una situación financiera debilitada por la covid en la que el PIB se ha reducido aproximadamente un 10% y la deuda alcanza un 120% del PIB.

La caída de las exportaciones es otro riesgo para la base industrial francesa, ya que esta siempre ha dependido de la exportación para compensar la limitada demanda interior. Francia ocupa el tercer lugar entre los exportadores mundiales de armamento, tras Estados Unidos y Rusia con un 8,2% del mercado internacional entre 2016 y 2020 según la base de datos del SIPRI. Sin embargo, su cuota va perdiendo terreno frente a nuevos exportadores menos escrupulosos, como China o Turquía, o más agresivos como Estados Unidos que sistemáticamente compite con Francia en los mercados europeo, árabe y asiático por los mismos clientes, como ha quedado en evidencia con la anulación australiana del programa de submarinos franceses en favor de un consorcio angloestadounidense (AUKUS).

Francia es la conciencia estratégica de la UE, a la que ha intentado despertar del sueño de ingenuidad, apaciguamiento, equidistancia y poder blando en que ha vivido las últimas décadas

Otro riesgo significativo para la industria de la defensa es el de su obsolescencia tecnológica. Mientras que Francia dispone de tecnología propia en sectores de defensa como el de aviación y el naval, en otros sectores como el digital depende de proveedores estadounidenses o israelíes. La dependencia se explica en el menor esfuerzo inversor en I+D+i del sector industrial francés, tanto en el sector público como en el privado en tecnologías de futuro que se trata de paliar ahora con más recursos y abriendo el sector a la cooperación con el sector civil y con socios tecnológicos estratégicos preferentes. La inversión multimillonaria en programas como el futuro sistema de combate aéreo (FCAS) o en el sistema de armamento de nueva generación (NGWS) junto a Alemania y España tiene como finalidad recuperar soberanía tecnológica. Si a lo anterior se une el temor por las inversiones de fondos estatales en empresas estratégicas o los crecientes obstáculos a las exportaciones de armamento, no es de extrañar la preocupación francesa por el futuro de su complejo militar-industrial.

La ambición militar de las últimas décadas comienza a pasar factura al modelo de las fuerzas armadas. Su estructura de fuerzas está prevista para sostener operaciones limitadas durante bastante tiempo y operaciones de mayor intensidad durante un corto período, pero no para mantener una gran operación durante un tiempo prolongado ni para mantener operaciones tan exigentes como las del Sahel indefinidamente. Francia ha participado con solvencia y asiduidad en operaciones de gestión de crisis, pero el esfuerzo en recursos humanos y materiales que han realizado sus fuerzas de despliegue rápido ha restado capacidad operativa y logística al resto de las fuerzas y misiones. La necesidad de disuadir a Rusia obliga a Francia a reducir y reorientar su esfuerzo militar, lo que explica la retirada de las tropas francesas de la operación Barkhane de contrainsurgencia en el Sahel que han liderado hasta el 2021. La reducción de las operaciones ayuda, pero no resuelve, los problemas de reclutamiento y permanencia de personal al que se enfrentan las fuerzas armadas tanto por las condiciones de trabajo del personal menos cualificado como por la dificultad de competir salarialmente con el sector civil para buscar personal cualificado a medida que se acelera la digitalización de las fuerzas armadas.

La autonomía estratégica europea como vía de salvación

Francia precisa ayuda para seguir siendo una potencia militar global. Estados Unidos, a pesar de las fricciones ocasionales, sigue siendo el primer socio militar de Francia, seguido de algunos aliados europeos, como Alemania, Reino Unido e Italia, con los que mantiene relaciones especiales de defensa, o de otros con los que Francia actúa en coalición o a través de las organizaciones multilaterales en la OTAN y la UE.

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Soldados franceses patrullan cerca del museo del Louvre, en París. 

Philippe Wojazer / Reuters

Francia seguirá siendo el único líder estratégico europeo tras la salida del Reino Unido. Existen otras potencias militares como Alemania o España, que no comparten su cultura estratégica, y otras potencias militares que la comparten como Italia o los Países Bajos pero que no cuentan con la suficiente variedad y cantidad de capacidades militares para coliderar la UE. Francia es la conciencia estratégica de Europa y ha tratado de despertar a la UE del sueño de ingenuidad, apaciguamiento, equidistancia y poder blando en el que ha vivido las últimas décadas como potencia civil. Francia ha estado detrás de los grandes momentos de impulso de la defensa europea pero no ha sido un mentor desinteresado porque pretende que las políticas de exterior, seguridad y defensa de la UE se alineen con los objetivos de sus estrategias de defensa y seguridad nacional.

Francia siempre ha abogado por una cultura estratégica común europea, pero no ha conseguido que los estados miembros de la UE subordinaran sus intereses particulares de seguridad a la creación de una defensa conjunta. Algunas de sus propuestas estratégicas, como la de hacer de la Cooperación Estructurada Permanente un núcleo duro y restringido de la defensa europea, no han encontrado la respuesta esperada. La diversidad de culturas, intereses y compromisos explica en parte el fracaso de sus iniciativas, pero también se explican por un estilo de liderazgo que espera de sus socios aliados un seguimiento incondicional. Difícilmente pueden sus socios europeos confiar en que Francia ponga su poder nuclear al servicio de la defensa europea cuando su doctrina reserva su empleo a una decisión soberana o contribuir con tropas de combate a las operaciones en África cuando Francia se reserva el mando y control de estas.

FILE - German Bundeswehr soldiers of the NATO enhanced forward presence battalion waits to greet German Defense Minister Christine Lambrecht upon her arrival at the Rukla military base some 100 kms (62.12 miles) west of the capital Vilnius, Lithuania, Feb. 22, 2022. Germany is sending additional troops to Lithuania in response to Russia's military build-up on the border with Ukraine and the worsening security situation in the Baltic states. (AP Photo/Mindaugas Kulbis, File)

Tropas alemanas incorporadas a la misión de la OTAN en el este de Europa. en la imagen, en Lituania. 

Mindaugas Kulbis / AP

Para superarlo, Francia ha combinado iniciativas a largo plazo con otras más pragmáticas. Entre las primeras destaca la apelación a la autonomía estratégica europea, un concepto difuso y en constante evolución –un relato– para dotar a la UE de conciencia y capacidades de potencia militar. Acuñado en la Estrategia Global de la UE del 2016 tras el Brexit, el concepto ha encontrado un apoyo inestimable en el enfoque geopolítico de la Comisión Europea y ha desbordado el ámbito inicial de la defensa para instalarse en todos los demás ámbitos de competición. Entre las segundas, la Iniciativa Europea de Intervención para aglutinar a las potencias –europeas o de la UE– que quieren y pueden participar en operaciones militares más comprometidas. Ya que no todos los estados miembros de la UE contribuyen a las operaciones y misiones militares, al final lo más práctico es coordinarse con los países más dispuestos y capaces, sean de la UE o no.

La combinación de estrategia y táctica se aprecia también en el sector industrial de la defensa, donde Francia y la Comisión Europea comparten enfoque geopolítico y lógica industrial. Ambos ven la necesidad de que la UE recobre el mayor grado de soberanía tecnológica e industrial posible en el contexto actual de competición geopolítica y que se reduzca la fragmentación industrial actual. Coincidiendo en la visión de partida, Francia aspira a capitalizar la europeización de la industria de defensa europea y convertir su hegemonía industrial en monopolio, o duopolio con Alemania, aprovechando los fondos y programas de la Comisión (Fondo Europeo de Defensa o el Programa de Desarrollo Industrial de la Defensa Europea) e instrumentalizando las iniciativas de cooperación intergubernamental como la Cooperación Estructurada Permanente o el Plan de Desarrollo de Capacidades, entre otros. Francia aspira a que los campeones europeos sean franceses y a controlar una cadena de valor que acaben con las preferencias nacionales dentro de un mercado único.

Francia aspira a capitalizar la ‘europeización’ de la industria de defensa y a convertir su hegemonía industrial en monopolio, o duopolio con Alemania, ayudada con fondos de la Comisión

Finalmente, y aprovechando la presidencia del Consejo Europeo en el 2022, Francia deberá liderar la contribución europea a la revisión del Concepto Estratégico de la OTAN y a la elaboración de la Brújula Estratégica de la UE. Ambos documentos deben ser compatibles porque han de orientar la adaptación de las estructuras de fuerza al nuevo contexto estratégico. Los requisitos militares de las potencias están cambiando. Necesitan ahora capacidades nucleares y convencionales para disuadir a las nuevas amenazas, pero ya no precisan las capacidades de proyección que necesitaban para las operaciones de gestión de crisis y seguridad cooperativa. También precisan que sus fuerzas armadas operen en los nuevos dominios cibernéticos, espaciales, híbridos o de influencia y progresen en la digitalización antes de que las tecnologías disruptivas revolucionen la forma de combatir. Las potencias como Francia precisarán mantener sus programas de modernización e innovación al margen de las restricciones presupuestarias si quieren preservar su superioridad operativa. Deberán seleccionar mejor sus prioridades y capacidades actuales porque no se pueden hacer más funciones con el mismo dinero y ahora se les pide a las fuerzas armadas francesas que contribuyan más a la resiliencia de la sociedad francesa y sus territorios. El alto representante, Josep Borrell, al presentar el borrador inicial de la futura estrategia militar de la UE, afirmó que “Europa está en peligro” porque no era una potencia militar, pero eso no quiere decir que una gran potencia militar como Francia pueda seguir siéndolo y que esté al abrigo de los nuevos riesgos.

Félix Arteaga es investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

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